miércoles, 24 de junio de 2009

Oda a la espontaneidad.

miércoles, 24 de junio de 2009
Eran las cinco de la mañana cuándo llegó a casa. Martes. Sí, las cinco de la mañana de un martes. Tuvo que contener la risa tonta que se le escapaba de los labios como una niña juguetona por esa mezcla extraña del furor producido por los últimos vestigios de unas cuantas cervezas y alguna que otra copa – por no quitar mérito a aquel desagradable chupito, puag- y el hecho de saber que si no hubiera…

Si no hubiera decidido estrenar las estúpidas sandalias nuevas aquella tarde…
… no habría criado las dolorosas rozaduras que le hicieron proponer unas cañas después de la reunión…
… si en lugar de estar sentada a las 21.25 en aquella terraza de Alonso Martínez hubiese estado en casa…
…no las tenías todas consigo de haber contestado al teléfono…
…o, al menos, haber respondido aquella llamada…
… no habría decidido tampoco acudir de improviso a aquel concierto que, a fin de cuentas, era caro y le pillaba lejos…
… si no se hubiese decidido a gastar esos 10€ que –desgraciadamente- no le sobraban en la entrada…
… no se habría (re)encontrado con ese par de locas que compartían su espíritu de groupie…
… sin ese espíritu detrás, habría habido muchas menos fotos divertidas…
… y, joder, la noche no habría tenido tanta vida…
… pensar que por unas sandalias y las ganas de no quedarse esperando a algo que no llega, aquel taxista no habría criado una nueva anécdota de saludos al rey y multas evadidas…
…¿habría tenido que ver también con aquello la pobre faena del motorista que acabó pagando por todos?...
…si no hubiese tomado tantas decisiones repentinas, ¡no habría conocido al taxista chino de Madrid!...
...y demasiadas cosquillas se habrían perdido en el camino...

Eran demasiadas las cosas geniales que aquel momento de espontaneidad o de arrojo había provocado. Se miró la sonrisa en el espejo de la entrada, que era lo único que brillaba en una cara churretosa y de rimel y ralla desdibujados. A las 10 tocaba ponerse a trabajar pero…Había merecido la pena, se dijo. Es cierto que ella había esperado una noche diferente, pero a veces esperar es sólo tirar el tiempo. Cuándo las cosas no salen como lo planeaste, también pueden tener su punto.

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