lunes, 28 de septiembre de 2009

Sin aliento

lunes, 28 de septiembre de 2009 1
Perdida.
Se supo perdida.
Apenas había probado un poco de aquello y ya sabía, en su fuero interno, en lo más profundo y casi sin quererlo que pediría, rogaría, se rebajaría por conseguir más. Más y mejor. Más y en mayores cantidades. Más y con ansia. Aquello no dejaba cabida a la paciencia, al sosiego o al sentido común.Aquello exigía dejarse llevar, perder la razón y entregarse ciega y por completo al imperio de los sentidos.

Nada de pensar, calcular, calibrar. Quería fundirse, mezclarse...empaparse.
Esa era la palabra. Empaparse...no imaginaba una mejor descripción. Absorber por cada uno de sus cientos y minúsculos poros la esencia de todas las situaciones imaginables. Revolcarse en aquel fango, impregnarse, tatuarse a fuego. No quería dejar una miga. Necesitaba devorar, roer, llenarse las fauces. Desgarrar algo. A sí misma, quién sabe. Pero una especie de desesperación, traducida en temblores convulsos, le recorría el cuerpo. Estaba vendida, y se había entregado tan fácil, tan rápido. Tan barato.

No podía explicarlo. No había explicación, o de haberla no la hemos encontrado (aún). Quizás era el hecho de entregarse, de darlo todo, lo que le llamaba. Que alguien la venerase, la necesitase, la exprimiera. Ni si quiera exigía respeto -cosa que habría sido más cabal-, sólo necesidad. Sentirse necesitada y exigida. Sentirse básica y fundamental.

No le importaba convertirse en juguete, siempre y cuándo consiguiese ser el juguete más machacado. Ese que el niño acaba reemplazando sólo cuándo el nivel de uso ha terminado con él, lo ha ajado y vejado hasta las últimas consecuencias. No ansiaba ser sustituida, detestaba ese punto y obviaba al máximo esa idea, pero aún sin querer enfrentarlo era un principio clave: sólo el juguete que más se ha usado, que más ha sido quemado, ha sido también el más apreciado, el importante. Insustituible. Muerto por desgaste. Tan sólo desterrado cuándo se ha deshecho por sí mismo en fragmentos irrecuperables. Hasta que ya no ha dado más de sí.

Ella quería llegar a ser el juguete muerto. Ganarse el cielo. Vivir el intenso proceso de la excelencia y así acabar subiendo a los altares del Olimpo del recuerdo, de su recuerdo. El final tiene que llegar, siempre, pero como sea la estela que dejas depende del proceso. Cuánto más intensas las experiencias, más honda la marca. Ella estaba dispuesta a todo para dejar su huella. Para desgarrarle por dentro. Cambiarse por cicatrices. Se ofrecía a una empresa que sabía kamikaze. Y estaba asustada, aterrorizada, sin aliento.

Y tú, sólo tú eres el único culpable,
el cielo presagia una auténtica debacle.
Y ven, mi amor, ven, acompáñame al desastre,
y ten, mi amor, ten, éste es el premio que ganaste,
y crack, mi amor, crack, vas a dejar de quejarte,
y crees que puedes decidir irte o quedarte,
y plas, miss, plas, plas, a puta no te gana nadie.

domingo, 27 de septiembre de 2009

domingo, 27 de septiembre de 2009 1
"Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Sólo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu, no me asignes la tuya"

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

sábado, 26 de septiembre de 2009

Divagaciones sacadas de un cajón

sábado, 26 de septiembre de 2009 0

¿Cómo puede un sueño dejar este mal cuerpo? A lo mejor no es cosa del sueño, sino del mal cuerpo. Primero vino el mal cuerpo y necesitaba de los sueños para convertir en imágenes las sensaciones. Como cuando nos agobiamos de tal manera que sólo buscamos salir a la ventana y gritar: ¡ Qué os jodan! Mandar el mundo a la mierda. Quizás mi mal cuerpo también necesitaba mandar el mundo a la mierda.

Pero si ahora todo va bien, ¿de dónde sale el mal cuerpo? ¿De donde la preocupación? Creo que lo inventa la necesidad o la prudencia. Intenta salvarse de la catástrofe antes de que ocurra. Cuando uno sube, siente que vuela y todo son sonrisas, después inevitablemente viene la caída. Fin del show. Nos acercamos tanto al Sol que acabamos quemándonos. Mi mal cuerpo ha decidido adelantarse. Se cree más listo que nadie y dice - ¡Ja, a mí no me la pegas!- y antes de que un mínimo rayo de sol le toque ya está él mechero en mano. No puede evitarlo. Imagino que ninguno de nosotros puede. La felicidad al final es lo más doloroso. Y es tan breve. Porque...Es breve, ¿no? ¿O nosotros la hacemos breve?

Puede que la culpa acabe siendo nuestra y de esa manía de autoboicotearnos que acaba con todo. Al y al cabo, si no nos pegáramos la hostia no podríamos volver a levantarnos y vivir ese sensacional clímax del que sabe que todo acaba de terminar y de empezar y que ya lo que queda por delante, al menos por un tiempo (qué más da si corto o largo), será bueno. Aún falta para tener que pre-ocuparse. Aunque luego están esas hostias que vienen de fuera. Inesperadas e incontrolables. ¿No son esas experiencias las que nos hacen actuar como lo hacemos, estar expectantes de que la mala racha vuelva a sacudirnos?

jueves, 24 de septiembre de 2009

Escozor de frustraciones

jueves, 24 de septiembre de 2009 0
Un clavo saca a otro clavo, dicen. - pensó mientras rebuscaba una y otra vez dentro de la reducida caja. - ¿Por qué no encuentro entonces el que necesito?- Se le llevaban los demonios frenética por la histeria de la impaciencia. Sacaba clavos, a montones; los examinaba apurando unos últimos hipotéticos resquicios de paciencia, uno a uno; y los apiñaba de nuevo en los alrededores, sobre la encimera. Cuando se divisaba el fondo de la caja rascaba aún más, desesperada, y en su intento llegaba incluso a quebrarse alguna uña dejando entrever lágrimas perdidas de rabia y dolor.
Escozor de frustraciones.

Llegado un límite arrojó la caja contra la pared, con todas sus fuerzas, deshaciéndola en esquirlas de plástico. Mirando sus brazos fofos y poco ejercitados nadie la habría creído capaz de aquella fuerza. A menudo no conseguía ni cargar las bolsas de la compra. Blasfemó a grito vivo, dejándose la garganta en palabras de esas que su padre siempre decía no usa una señorita y arremetiendo contra los inútiles montículos de puntiagudos clavos con toda su impotencia. Tratando de hacerlos encajar por la fuerza se arañó inconscientemente manos y brazos. Los brillos rojizos brotaban levemente de las hinchadas marcas. Su respiración cada vez más acelerada, entrecortada, aspiraba todas las sensaciones.

Como un relámpago salió a por una nueva caja dejando sonar el portazo como el trueno que suena en la tormenta antes de que la próxima luz parta el cielo. En la ferretería estaban haciendo su agosto con ella.

¿Cuánto tardaría en darse cuenta de que lo que a ella le faltaba era un tornillo y no un clavo?

jueves, 10 de septiembre de 2009

Blue Monday

jueves, 10 de septiembre de 2009 0

sábado, 5 de septiembre de 2009

Oda a la normalidad

sábado, 5 de septiembre de 2009 1


A de aburrimiento, pero también de agradecida.
- Los días pasan como si no hubiese diferencia entre uno y otro.
Pensó mirando la luna que de ayer a hoy - o esa sensación tenía en su cabeza- había engordado hasta ponerse llena.
El fin de las vacaciones estaba cerca, no tendría mucho que contar al volver del pueblo y aunque toda aquella monotonía le asqueaba, secretamente no quería desprenderse de ella. Allí se quedó, mirando la luna sin mover un músculo hasta caer dormida.
 
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