
"Caminaba a media tarde por Midtown Manhattan y el nombre de Michael Jackson llegó varias veces a mis oídos. Al rato, un amigo me dijo que acababa de escuchar en las calles del Soho que Jackson había muerto. Pero, ¿quién podía creérselo? Hacía tantos años que la presencia pública del cantante se había deslizado hacia una patológica excentricidad que morirse era, en su caso, una fatalidad que le puede ocurrir a cualquier individuo corriente.(...)
(...)Ayer Harlem le perdonó su wonderland, su nariz operada, su ridículo pelo alisado, la falta de empatía que tenía con el público que le había alzado. Le perdonó sus bobadas de rico desequilibrado, caprichoso, tan alejado de su origen humilde, tan distinto de esa otra estrella memorable que es Stevie Wonder. Ayer el Apollo, que tiene algo más de templo que de teatro, celebró un bautizo más que un entierro. Bautizaban a Jacko, ese chico tanto tiempo perdido en el universo de las celebridades desequilibradas.
Jacko, que, irónicamente, rima con Wacko, el insulto más apropiado para él y el más ofensivo: loco de atar."
Elvira Lindo
http://www.elpais.com/articulo/cultura/bautismo/Jacko/elpepucul/20090627elpepicul_2/Tes

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