lunes, 29 de junio de 2009

lunes, 29 de junio de 2009
Estar sola en casa mola. Aunque haya que encender la tele para no sentir el silencio. Aunque mantenga la luz del cuarto encendida hasta el último minuto para no sentir la oscuridad. Aunque me pare a cada ruidito o eche la cadena a la puerta. Incluso teniendo que limpiar porque a los tres días comprendes lo inviable de tu tradicional estilo de vida y piensas: dios mío, tengo que convertirme en una chica de provecho…Aunque todo lo que comas sean galletas, cereales, pastas y arroces intercaladas con las últimas sobras de comida elaborada que dejó tu familia de despedida y te veas obligada a comerlas en soledad.

Estar sola en casa mola. Porque he podido ducharme con la puerta abierta y poner la música a toda castaña Porque, mejor aún, he podido bailarla semidesnuda por toda la casa, fue casi como ser una ménade. Porque llevo todo el día siguiendo mi horario natural y nadie ha dicho ni mu: he comido tarde, me he duchado tarde, he salido tarde y aquí estoy tecleando tarde aún a sabiendas de que mañana madrugo. Y lo mejor de todo, ¡en braguitas! Sí, tengo cierta nostalgia de esos días de playa en los que el bañadorcito no es más que una braguilla y te dejan andar así todo el día por la casa, a lo sumo, con una camiseta como añadido.

Mola sentir por unos días que tienes tu propio territorio. Aunque vaya camino de convertirme en una pequeña Bridget Jones.



Mola estar sola en casa.

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