Estar sola en casa mola. Porque he podido ducharme con la puerta abierta y poner la música a toda castaña Porque, mejor aún, he podido bailarla semidesnuda por toda la casa, fue casi como ser una ménade. Porque llevo todo el día siguiendo mi horario natural y nadie ha dicho ni mu: he comido tarde, me he duchado tarde, he salido tarde y aquí estoy tecleando tarde aún a sabiendas de que mañana madrugo. Y lo mejor de todo, ¡en braguitas! Sí, tengo cierta nostalgia de esos días de playa en los que el bañadorcito no es más que una braguilla y te dejan andar así todo el día por la casa, a lo sumo, con una camiseta como añadido.
Mola sentir por unos días que tienes tu propio territorio. Aunque vaya camino de convertirme en una pequeña Bridget Jones.

Mola estar sola en casa.

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