martes, 3 de marzo de 2009

Pur(t)as casualidades

martes, 3 de marzo de 2009
Recordaba un día, curiosamente de lluvia como el de hoy, en que bajó de la Calle Santa Brígida hasta Sol buscándole entre la gente. En aquella ocasión no se encontraron, fueron otros los fantasmas que salieron a su encuentro. Hoy, pensando en todas las cosas y en ninguna, iba también camino del metro. Una vez sentada – porque fue uno de esos días en los que hubo suerte y pilló sitio- sostenía Rayuela en su mano dispuesta a seguir con la página 200, Capítulo 17…La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar… cuándo el metro se detuvo en la primera estación.

Si hay algo que nunca puede evitar son sus pequeñas manías: Insulsas, estúpidas pero inevitables. Desde su sitio ojeó apresurada el vagón tratando de registrar las caras de todos aquellos desconocidos que iban y venían. Usera y un montón de personas con historias sin nombre. Vidas que ella desconocía excepto una. Allí estaba, escuchando música, perdido en el suelo. Realmente no estaba segura de que fuera él. Amén de su incipiente astigmatismo tan sólo veía un perfil escondido tras una revuelta cabellera, pero era tan divertido pensar en la posibilidad de que fuera él. Que la casualidad le hubiera dedicado una sonrisa cómplice. Los pies se posaron en el suelo y la colleja del realismo no se hizo esperar: pero qué dices. No seas boba. Ya pensaba en acercarse para verle mejor. ¿Y si no es? Le pudo el sentido del ridículo. Sintió las mejillas ruborizarse. Echó mano de su cuaderno naranja, ese que solo ella lee, y sacó un vic.

“Le miraba.” – escribió- “le gustaba fantasear con que lo que estaba viendo era lo que quería ver” – pensó, porque antes de que pudiera continuar escribiendo el metro se había detenido de nuevo y tocaba seguir la rutina inconsciente. Cabeza alzada, mirada de reconocimiento. Y alguien le hacía señas. Bajó del vagón sin pensarlo dos veces.

- No te había visto. ¡Iba a lo mío con la música y ni me había fijado que eras tú!-

Le sonrió.

- “Encontrarte en el metro era tan probable como que dos submarinos chocasen en el atlántico. Y sin embargo, eras tú.”- Se contestó a sí misma mientras su corazón latía…WTF…WTF…WTF…


Las casualidades existen. Y mucho. Y empiezan a asustar.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
◄Design by Pocket, BlogBulk Blogger Templates