lunes, 19 de octubre de 2009

Pequeño desastre animal

lunes, 19 de octubre de 2009
Siempre le han gustado las espirales. Nunca pensó que fuese porque tenían tanto de ella. Hoy se mira en el espejo, se mira a los ojos y sólo ve en esas esferas marrones dos espirales profundas que se apropian de todo el brillo del color. Dos espirales infinitas e imparables. Constantes. Que avanzan imperturbables y eternas, como si hubiesen estado allí siempre, escondidas, enrollándose lentamente en tu cuello, bajando por tus articulaciones, por todo tu cuerpo. Son dos serpientes sin veneno. -¡Qué alivio!- habrás pensado -Pues no, de alivio nada-. Son boas constrictor. Lo sabe. Son animales pacientes que han sabido tomar su tiempo hasta llegar al punto de envoltura perfecto. Hasta tenerte inmovilizado sin apenas haberte hecho cosquillas. Ahora, cuándo ya estás donde te querían, darán su golpe maestro. Ejercerán toda su fuerza y se comprimirán asfixiando el espacio, asfixiándote a ti con ellas para luego devorarte, tan lentamente como llegaron, como han hecho cada uno de los movimientos previos. Y la digestión será igualmente lenta y pausada. ¿para qué apresurarse? Tienen toda (la)tu vida por delante.

Va a llegar el día en que ya, desde el otro lado, caigas en la cuenta de que estás muerta. Cuándo ya no puedas hacer nada te preguntarás cómo llegaron las cosas a tal punto, cómo perdiste todo...cómo te perdiste. Es difícil pensar que la muerte pueda llegar de una forma tan aséptica. ¿Quién se ha dejado la estufa encendida? La muerte dulce, la llaman. Te duermes, caes en un estado de letargo y no te enteras. Totalmente inconsciente. Muerta y renacida, un fantasma. Ahora vagas así, sin pena ni gloria. O con más de lo uno que de lo otro, preguntándote si habrías podido hacer algo para evitarlo o era tu destino fatal, el capricho de las parcas.

Después de horas de observación ya no hay nadie a ese lado del espejo y tú ya has expiado tu culpa. Tu espíritu se ha convencido de la incondicionalidad de todo esto. No se puede escapar a la muerte, muchacha. Ahora vagarás tranquila, si no llegaste a nada es porque no pudiste evitarlo. Dejas que la voz siga susurrando estas palabras. Siempre es más sencillo que echar a nadar contracorriente, escapar de la debacle. Salir de la espiral. Dejemos que el agujero negro nos atrape, vivamos como si ya nada importara.

No he buscado a nadie, llevo días buscándome yo
No quiero pensar en Madrid, ni en su reloj
Duermo por las tardes, por las noches reinvento su voz
En las sombras me veo al revés, en los libros me encuentro mejor
Ehh tú , estatua de sal, prepara tu salto mortal
Hoy no te puedo calmar, pequeño desastre animal

Pinto en los espejos, personajes de ciencia ficción
Escapan a su otra mitad sin pedirle permiso al creador
Y ensucio recuerdos cuando echo la vista hacia atrás
He mezclado en eñ mismo cajón mis historias, tus fotos y un plan

(...)

Vetusta Morla, Pequeño desastre animal.

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