Va a llegar el día en que ya, desde el otro lado, caigas en la cuenta de que estás muerta. Cuándo ya no puedas hacer nada te preguntarás cómo llegaron las cosas a tal punto, cómo perdiste todo...cómo te perdiste. Es difícil pensar que la muerte pueda llegar de una forma tan aséptica. ¿Quién se ha dejado la estufa encendida? La muerte dulce, la llaman. Te duermes, caes en un estado de letargo y no te enteras. Totalmente inconsciente. Muerta y renacida, un fantasma. Ahora vagas así, sin pena ni gloria. O con más de lo uno que de lo otro, preguntándote si habrías podido hacer algo para evitarlo o era tu destino fatal, el capricho de las parcas. Después de horas de observación ya no hay nadie a ese lado del espejo y tú ya has expiado tu culpa. Tu espíritu se ha convencido de la incondicionalidad de todo esto. No se puede escapar a la muerte, muchacha. Ahora vagarás tranquila, si no llegaste a nada es porque no pudiste evitarlo. Dejas que la voz siga susurrando estas palabras. Siempre es más sencillo que echar a nadar contracorriente, escapar de la debacle. Salir de la espiral. Dejemos que el agujero negro nos atrape, vivamos como si ya nada importara.
No he buscado a nadie, llevo días buscándome yo
No quiero pensar en Madrid, ni en su reloj
Duermo por las tardes, por las noches reinvento su voz
En las sombras me veo al revés, en los libros me encuentro mejor
Ehh tú , estatua de sal, prepara tu salto mortal
Hoy no te puedo calmar, pequeño desastre animal
Pinto en los espejos, personajes de ciencia ficción
Escapan a su otra mitad sin pedirle permiso al creador
Y ensucio recuerdos cuando echo la vista hacia atrás
He mezclado en eñ mismo cajón mis historias, tus fotos y un plan
(...)
Vetusta Morla, Pequeño desastre animal.

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