Cierro los ojos y cuento hasta diez deseando únicamente y con todas mis fuerzas que al abrirlos te hayas ido. Pero sigues aquí. Todos vosotros. Con vuestras miradas constantes y vuestros murmullos.No conocéis otra cosa que el acoso. No tenéis otra patria que yo, pero yo ya no puedo con esto. No valen cuchillas, ni venenos. Ni siquiera matándome, habréis muerto. Fantasmas. Asquerosos seres de humo. Ineludibles.

“Nosotros no nos merecemos fantasmas”, pienso en tus palabras y quiero creer que son ciertas. Sin embargo, flaqueaste, tú mismo te desdijiste: a lo mejor en el fondo sí que lo creemos. ¿Cómo deshacernos de ellos entonces?
Desearía que en la guía viniese el número de un buen cazafantasmas...

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