jueves, 2 de julio de 2009

jueves, 2 de julio de 2009
Nadie entendía por qué seguía entablando amistad con él. Ella había dudado mucho, en un principio pensó que era inercia. Ahora no, lo veía claro. Era una cuestión de realidad. Necesitaba ser consciente de que todas las ideas a las que había renunciado habían muerto por una razón fundada. Era una forma de mantener vivo el recuerdo, de no olvidar.

Masoquismo emocional.

Muy probablemente. Pero sobrevivir al realismo no era fácil. La enfermedad avanzaba rápido. Se extendía por su organismo devorando cualquier célula o músculo sano. Sin aquella terapia de choque quién sabe hasta cuándo habría podido aguantar. Es cierto que se estaba desgastando, que las ojeras y las noches de insomnio ya no se las quitaba nadie, pero había que prepararse para lo peor: la esperanza. Los médicos no le daban importancia pero ella presentía que sería fatal. Si volvía sería el peor síntoma de todos. No sabían si su corazón resistiría a otra crisis. Las válvulas estaban tocadas desde el último infarto de miocardio sentimental. Podía verse en las radiografías.



Apartó las finas hojas de la luz y suspiró. La ilusión y la confianza también habían mermado, pero lo que más le dolía era el optimismo. Apenas podía apreciarse “-ismo”. Estaba casi consumido. Sí, aquella sería agresiva, pero era sin duda la mejor terapia para el desencanto se repitió bajito, para que nadie la oyera pero a ella le quedara claro.

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