El día que decidía dejar el chocolate encontró una chocolatina en su bolsillo. Maldita bipolaridad – pensó. Le perseguía a todas partes. Igual que el chocolate, cuántas veces se había repetido en su cabeza “este será el último segundo que le dedique” y acto seguido el naranja del Messenger (re)abría la herida de la esperanza. “La esperanza es lo último que se pierde”, empezaba a odiar compulsivamente esa frase y a quién decidiera en su momento enunciarla. Ya se había cansado de las esperanzas y de las expectativas, de vivir a la espera de una luz verde para desarrollar ese proyecto futuro que sabía podían haber sido. Demasiados proyectos futuros deshechos en el aire, fue su siguiente pensamiento. Y de los labios de Brian Molko salió la respuesta necesaria: ..
a change, I need a change of skin…Sí, necesitaba un cambio y ahora lo que parpadeaba era su intuición. Algo era necesario que ocurriera, una alteración en su universo personal. ¿Cómo podría provocarlo? Fue su último pensamiento antes de agarrar el picaporte, abrir la puerta y poner el primer pie sobre la acera.
Mis viejos sueños han caducado como una botella de leche
los nuevos se han perdido sin que nadie los aproveche
los chicos de las sombras afilan sus cuchillos
y yo voy a dar una vuelta por las calles torcidas del centro
solo quiero un par de pequeñas puñaladas
que me recuerden que aún estoy viva Al fin sola, al fin loca. Christina Rosenvinge
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