domingo, 12 de abril de 2009

domingo, 12 de abril de 2009
Primero fueron amigos, luego fueron confidentes y acabaron siendo amantes. Lo malo del amor es que es caprichoso e impetuoso y cómo tal no tardó en saltar de una flor a otra. En desfasar aquellas miradas cómplices. Pasaron meses y dejaron de ser amantes primero, confidentes después y antes de llegar a perder también su amistad dejaron de hablarse directamente. Esto quizás no fue una elección, no como ahora. Hablarse, incluso cuándo ni siquiera necesitaran tenerse delante o llegar a escucharse, dolía. Era comprensible, cuándo alguien sale escaldado de una pelea (aunque sea la más dulce) las heridas escuecen tan amargamente como siempre.

El caso es que el tiempo lo curó todo y cuándo las cicatrices no fueron más que deformaciones en la carne, recuerdos de tiempo pasado, volvieron a hablarse. Y a ser amigos, y a ser confidentes…y él quiso que fuesen amantes ¡Travieso niñato el Amor! Ella no lo tenía tan claro. Afortunadamente para cuándo la cosa empezaba de nuevo a doler el tiempo volvió al rescate con su amigo espacio bajo el brazo para que le echara un cable. Los meses pasaron y como es de imaginar volvieron a ser amigos, y confidentes y esta vez, aprendida la lección, nadie quiso pasar a la carne. Se saltaron el postre. Pero claro, golosos los dos, la cosa no podía durar y el azúcar con la primavera se les metió en los bolsillos. Eran felices. Juntos, pero no revueltos. Hasta que de tan poco revueltos que estuvieron se alejaron tanto que el adjetivo “juntos” perdió todo sentido.

Estaban Él y Ella, pero cada uno por su lado. Había un “nosotros” y un “vosotros”, claro, pero para cada uno, ninguno que los uniera en común. Sonreían, pero no (se)sonreían como hasta entonces. Y los meses pasaban, porque bien es sabido que el tiempo no se detiene. Y esta vez no dolía, pero se sentían raros, incómodos, ¿desubicados? Así que Ella apostó por acercarse, hablarle. No ser su amante, ni su confidente, pero ser su amiga. Él ya tenía su amante, su confidente, su amiga; así que no pareció importarle y contestaba sus llamadas sin mucho entusiasmo: “si, un día de estos”; “cuándo quieras, sólo llama”; “habrá que irse a tomar unas cañas…” Ambigüedades, castillos en el aire.

De nuevo el verano. Y la marea había ya bajado tanto que la corriente no alcanzaba el punto de la playa donde Él se había quedado varado. Ella siguió nadando. Han pasado días, muchos (1x365), y sin pretenderlo la corriente, por un segundo, les ha hecho intercambiar unas palabras. Ni siquiera las adecuadas. Eran totalmente erróneas, cruzadas, para otros. Ni las de un amante, ni las de un confidente, ni las de un amigo. Pero se hablaron. Sin saber que eran ellos. Entropía. Paradojas del destino. Colgado el teléfono Ella reconoció esa voz, aquél número, aquella llamada. Igual que la que había hecho hacía 5 o 6 años. Y contra toda esperanza el mensaje, sin más, se deshizo en el aire.




Ya ni amantes, ni confidentes…¿si quiera amigos?

1 comentarios:

Mr. Blogspot

Hoy he estado pensando mucho en ti, en mí, y en otras personas que, como nosotros, tenemos un blog sentimentaloide. En serio (últimamente menciono mucho esta expresión), aunque la vida nos trate mal, aunque las lógicas amorosas se ceben con nosotros, seres excepcionales y llenos, somos afortunados de poder traducir nuestros fracasos y alegrías en cuatro párrafos tan geniales como los tuyos. Somos afortunados por tener algo que contar, porque de los errores se aprende y se crece, y porque somos geniales, joder, JODIDAMENTE geniales.

Lo siento por la parrafada, pero hoy me veo muy sexy con mi nuevo corte de pelo (yo también sé ser banal como el que más)

Un beso. No, mejor un abrazo calentito

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